Recomendación

Mejor... imposible

Madrid : Sony, cop. 2005

Una comedia casi perfecta

“Y si estás emocionado porque algún chupapollas con el que sales ha sido elegido el primer presidente marica de los Estados Unidos, y ha decidido llevarte a Camp David a celebrarlo, aun así ¡no llames a esta puerta!”

Prepárese a disfrutar con disertaciones como esta. Hay para todos los gustos, porque Mejor imposible (As Good as It Gets; James L. Brooks, 1997) es una cinta en la que brillan sobre todo los diálogos.

Con una tonadilla suave y alegre, como de cine mudo, la banda sonora nos introduce en esta comedia que tiene todos los ingredientes propios del género: humor, ternura, dolor, y algún que otro toque profundo como contrapunto: “Tú haces que quiera ser mejor persona”, dice el protagonista cuando ella le exige unas palabras que la convenzan de que debe quedarse a su lado. Así comienza la transformación de Melvin Udall (Jack Nicholson), un exitoso escritor de novelas románticas, pero también un misántropo, un maniático con trastorno obsesivo-compulsivo que parece vivir solo para amargar a los demás y ofender a diestro y siniestro. Hasta que Carol (Helen Hunt), camarera y madre soltera que lucha por salir adelante, logra con su humanidad que Melvin comience a cambiar e interactúe con sensibilidad.

A estos personajes se suma un tercero, Simon (Greg Kinnear), un pintor homosexual más expuesto a la intemperie económica que su exitoso vecino Udall. Y también su perro, Verdell, un animal casi microscópico pero que cobrará la importancia de un cuarto personaje por impulsar el inicio de la metamorfosis de Melvin y porque actúa chupando cámara y robando planos. Como cuando camina como él, sin “pisar raya”, o cuando se aplasta sobre el suelo hasta quedarse sin barbilla, en su afán de mostrarse sumiso al quedar bajo su tutela. Un bicho feo y pringoso que nos recuerda a un insecto inmundo, pero que es capaz de robarnos el corazón.

La trama

Se nos muestra primero todas las manías de Melvin: comer cada día en el mismo restaurante con cubiertos de plástico, cerrar todo con un número determinado de vueltas de llave o lavarse las manos después de tocar cualquier cosa que no sea él mismo. De esta manera se nos sumerge en la vida de este obsesivo-compulsivo hasta que llegamos a empatizar con él. Es un loco solitario que, en medio de sus esfuerzos por decir las cosas bien, exclamará: “¡Es agotador hablar así!”. La trama, presentada con una gran agilidad narrativa, juntará a los tres personajes en un viaje del que Melvin volverá siendo otra persona porque se convertirá en un “loco enamorado”.

Brooks ha querido contarnos que incluso un misántropo es vulnerable a la ternura y al amor, que puede cambiar tras un arduo y considerable trabajo consigo mismo. El realizado consigue hacerlo mediante una trama ingeniosa que no decae nunca porque está llena de gags. En una escena, la protagonista corre para subir al taxi con él y le grita “¡Melvin, espere!”, y un grupo de colegialas con el que se cruzan empiezan a corear la frase repetidamente hasta que Melvin les pega un grito. Dan mucho juego los CD que él lleva en el coche, ordenados por temas, y que va reproduciendo según la situación lo requiere. En el comedero de Verdell, Melvin dispone sus mejores manjares y los adorna con chuches.

Dirección, guion, intérpretes

La trama está potenciada a través un guión inteligente, que nace de la fusión del director James L. Brooks con el guionista Mark Andrus. Brooks ya había alcanzado la fama con La fuerza del cariño (Terms of Endearment, 1983), una comedia dramática al gusto de Hollywood, y Andrus se consolidó al aportar el guion de otra comedia y reescribirla junto a Brooks para elaborar Mejor Imposible.

Del trabajo de este dúo nacen frases geniales, como la que Melvin lanza a Carol cuando esta llega a su puerta para decirle que no se acostará con él: “Lo siento, pero para los juramentos antisexo no abrimos hasta las nueve”. Incluso los papeles breves reciben protagonismo. La señora de la limpieza de Simon podía haber aparecido en la puerta de Udall con un simple ruego de si podía hacerse cargo de Verdell por unos días, pero se le pone en los labios una frase bañada en santidad que lleva a Melvin a lanzarle el que quizá es el peor de sus insultos: “¿Quién le enseñó a hablar así? ¿Algún marinero del bar Mete y Saca de Panamá City?”.

Jack Nicholson brilla en uno de esos papeles que parecen creados especialmente para él, y consigue su tercer Oscar, su segundo de la mano de Brooks (¿quién mejor que Nicholson para mostrar a un loco divertido e ingenioso?). Helen Hunt nos enamora con esos gestos tan suyos, que son como diálogos en sí mismos, y consigue aquí su primer Oscar. Greg Kinnear encarna con mesura a un encantador pintor homosexual, no demasiado amanerado, pero dotado de una sensibilidad extrema. El reparto, como ocurre a menudo, estaba previsto para otros actores, pero Brooks se decidió finalmente por este trío de ases, tan bien compenetrados que terminas por obviar la exageración propia del género para meterte en la pantalla y acabar riendo y llorando con los personajes.

También resulta notable la participación de Cuba Gooding Jr., una personalidad cinematográfica con sello propio, que aquí encaja muy bien.

Algún punto suelto

Quizá la aceptación tan sumisa de un niño de ocho años y la excesiva comprensión de la madre de Carol, que cuida de él mientras su hija recibe algún que otro ligue en casa, rechinan algo en esta historia, pero ya se sabe que debe haber siempre algún detalle imperfecto para que un personaje o una historia sean verosímiles. Igualmente, el hecho de que una persona con un carácter tan odioso escriba novelas románticas hace pensar en principio que son características demasiado opuestas para un mismo personaje. Los guionistas lo resuelven en el pequeño diálogo con la secretaria de su editor. Ella le pregunta admirada: “¿Cómo logra describir tan bien a la mujer?”. Y él le contesta con la minuciosidad de una respuesta meditada: “Pienso en un hombre y le elimino la sensatez y la responsabilidad”.

Banda sonora y cartel

El compositor Hans Zimmer ameniza esta cinta con una música alegre y ligera, de fanfarria suave, como si quisiera poner sorna a la historia mediante piezas como Too much reality. Entre las canciones que se emplean en las secuencias, aparece la oportuna melodía de Always look at the bright side of life, que Melvin toca al piano tras haber devuelto el perro a su dueño. “¡Por un perro, por un perro feo!”, dice casi llorando mientras toca para levantar el ánimo. Y es que está herido de muerte: con tanta ternura y amor, anda perdido porque ya no puede ser el de antes.

La imagen del cartel no podía estar mejor escogida: Melvin, con guantes de plástico, alza en el aire al perro como si fuera un bebé y lo mira con cariño. Un indeseable con corazoncito.

La cámara

Un paneo de la cámara que se iza desde abajo, agrandando el encuadre para mostrarnos a un Simon derrotado en medio de todos sus bienes amenazados por la quiebra, nos dice sin palabras que los pierde o se va a llenar de deudas.

Excelente plano de los peatones caminando en una acera de Nueva York: solo se filman los pies y aún así se reconocen los de Melvin, queriendo evitar que le rocen y causando desastres a su paso. Una magnífica estampa de Melvin en sociedad.

El montaje paralelo de unas tomas de él y ella haciendo el equipaje en sus respectivas casas consigue acentuar sobremanera la comicidad del orden maniático de él.

Tampoco necesita palabras el detalle fugaz de la imagen del suelo del recibidor enladrillado con teselas que Melvin cruza de un salto para no “pisar raya”. Otro buen recurso de cámara.

La gran soltura de los trabajos de cámara se complementa con un excelente montaje que proporciona un buen ritmo y con buenas tareas en la ambientación de interiores y el vestuario de los personajes.

Cierre

Una comedia perfecta, llena de situaciones cómicas y diálogos inteligentes, ganadora de dos Oscar y tres Globos de oro.

Si le ha gustado, puede que estas sean también de su agrado Cuando menos te lo esperas (Something’s Gotta Give, Nancy Meyers, 2003), Se acabó el pastel (Heartburn, Mike Nichols, 1986) o A propósito de Schmidt (About Schmidt, Alexander Payne, 2002). Las tres protagonizadas por Jack Nicholson.

 

 

Crítica elaborada per Emma Marzábal de la Biblioteca Josep Soler i Vidal (Gavà) en el marc del projecte Escriure de cinema

23/11/2022