Deseando amar recomanació Escriure de cinema
Como si el desamor fuera inevitable
Rojo y verde. Flores. Callejuelas desiertas. Paredes desconchadas. Pasillos interminables. Elegantes qipaos. Música hipnótica. Un cigarrillo tras otro. Té y fideos. Miradas penetrantes e implorantes. Omisiones deliberadas. Silencios que lo dicen todo. Secretos que se nos ocultan. Espejos y planos desde atrás. Primeros planos. Cámaras que atraviesan paredes y el alma. Autocontrol y sensualidad. Contención desbordante. Lluvia incesante. No ocurre nada y ocurre todo. Lirismo puro. Deseando saber. Deseando amar. Historia de amor triste. Triste historia de amor. Encuentros y desencuentros. Tan cerca y tan lejos. Vecinos y desconocidos. “Nosotros no somos como ellos”. ¿Llegan a ser amantes? Quizás, quizás, quizás.
Hace ya veintidós años del estreno de Deseando amar (Fa yeung nin wa, Wong Kar-wai, 2000), película muy galardonada que está considerada como la obra maestra de Wong Kar-Wai. Mediante una estética de videoclip y una atmósfera muy poética, nos introduce en la cotidianidad de dos personas que viven una al lado de la otra y comparten una poco agradable experiencia común. Se enamoran y se desean gracias a la proximidad (o a pesar de ella). No obstante, la inercia, la autocensura y la rutina serán los grandes vencedores en esta película donde el amor no triunfa. La tristeza lo impregna todo, como si el desamor fuera inevitable. El desamor lo impregna todo, como si la infelicidad fuera inevitable. Aquí hay que remarcar el excelente trabajo y la química de los actores Maggie Cheung y Tony Leung Chiu Wai, cuyos cuerpos sufren y hablan por sí solos. Wong Kar-Wai logra noquearnos con este argumento sencillo, lleno de deliberadas omisiones y elipsis, pues crea una historia que rezuma verdad. Sin embargo, lo más destacable no es la historia en sí, sino la excelente fotografía y la original puesta en escena (preferencia del plano corto, juegos de espejos, planos desde atrás, colores estridentes, cámara que se mueve entre puertas, rejas y ventanas...). Todo ello está adornado con una tremenda banda sonora con la música de Shigeru Umebayashi y boleros de Nat King Cole. Violines y letras de amor que desgarran el alma. Emoción pura que traspasa la pantalla y nos golpea sin piedad. Es una obra que no hay que perderse, por la autenticidad de los sentimientos que explora y el disfrute de los sentidos que ofrece.
Crítica elaborada per Mònica Llagostera de la Biblioteca Can Pedrals de Granollers en el marc del projecte Escriure de cinema.








