Crítica La ciencia del sueño Escriure de Cinema
Dirigida por el cineasta francés Michel Gondry, La ciencia del sueño (La Science des rêves, 2006) relata la aventura de ilusiones y desamores que le suceden al joven Stéphan tras regresar al piso donde se crió. Stéphan, medio engañado por su madre a cambio de un buen trabajo, vuelve a Francia para comenzar una nueva vida después de abandonar México a consecuencia de la muerte de su padre. Interpretado por el mejicano Gael García Bernal, Stéphan es un niño en el cuerpo de un adulto que no sabe discernir entre los sueños y la realidad. Esta confusión le causará muchos problemas, tanto en sus relaciones laborales como en las afectivas, errores que en muchas ocasiones no hubieran tenido lugar para una persona centrada en la vida real.
Gondry nos muestra una película sencilla en guion, con la típica historia romántica a la par que algo dramática, en la que dos jóvenes vecinos con intereses mutuos se acaban gustando, o al menos, eso parece creer Stéphan. Sin embargo, esta sencillez en el guion la corrige de una manera realmente creativa.
Ya desde un principio nos encontramos una ciudad de París oscura y triste. Unos planos poco coloridos, junto a algunos personajes de vidas aburridas, Gondry nos plantea la idea de que nuestro ilusionado protagonista no gozará de experiencias gratificantes. Vemos una París de suburbios, de barrio, nublada y alejada del escaparate turístico que podemos encontrar en otras películas, como por ejemplo la oscarizada cinta de Woody Allen Medianoche en París (Midnight in Paris, 2011).
Como decía anteriormente, Gondry hace que esa vida sosa y desilusionada cambie totalmente en el cerebro de Stéphan. Formado en arte y música, Stéphan nos enseña su realidad representada por pequeñas historias a través de sus sueños. En estos sueños, Gondry nos deleita con una ambientación súper creativa creada con cartones, plásticos, espumas y otros materiales de manualidades, donde vemos la vida que realmente quiere tener Stéphan.
La historia es fácil de seguir y no da pie a confusión, por eso reafirmo que se trata de un guion sencillo y llano. La magia de la película recae en todo momento es los aspectos visuales que consiguen recrear un mundo de fantasía, capaz de cautivar al espectador sin que este llegue a pensar que la historia es bastante llana. Supongo que, en este punto, entra la calidad del realizador, es decir, cautivar el interés del público con herramientas artísticas.
Un aspecto que me resulta atractivo en el filme de Gondry es la correlación que se crea en la mente de Stéphan para recrear una realidad positiva y otra negativa. En los primeros minutos de la película, vemos a nuestro protagonista llegar a su nuevo y odiado puesto de trabajo, donde trabajan los personajes aburridos que antes mencionaba. Pues bien, en sus sueños, o en su realidad paralela, Stéphan dibuja situaciones perturbadoras y caóticas relacionadas con su trabajo, que plasman el malestar que está sufriendo en algún momento concreto. Por el contrario, en las situaciones en las que aparece él con su vecina Stéphanie, interpretada por la francesa Charlotte Gainsburg, Stéphan recrea en su mente un pequeño mundo de felicidad y placer. En este punto, el director juega al despiste con el espectador, es decir, podemos llegar a confundirnos porque usa los materiales de manualidades sin que Stéphan esté soñando (sí, para hacer más épico el posible romance entre ambos, Gondry decide llamarlos con el mismo nombre, en sus versiones masculina y femenina).
Durante todo el metraje abundan los primeros planos y los planos medios rodados con la cámara al hombro, haciendo que la imagen tenga un ligero movimiento que consigue adentrarnos en los personajes con la intención de encontrar esa intimidad entre espectador y actor. En cambio, el tambaleo constante que tiene la imagen grabada con esa técnica puede llegar a causarme cierta inquietud, o incluso molestia, tal y como me ocurrió con el film Vuelo 93 (United 93, 2006), en el que literalmente abandoné la sala a mitad de proyección.
Sobre las piezas musicales que acompañan la película, creadas por el pianista Jean-Michel Bernard, me gustaría destacar la canción If you rescue me, que suena en el único momento en el que he podido disfrutar la música con su respectiva escena. El resto de las composiciones, todas ellas muy correctas, están bien conectadas con sus respectivas escenas, pero no consiguen impactar para después recordarlas y canturrearlas mientras hacemos cola en la caja del supermercado.
En definitiva, La ciencia del sueño es una película simpática, con puntos cómicos y dramáticos, que consigue trasladarte a un mundo creativo y diferente, a través de la mente de un joven que no es capaz de afrontar la vida tal y como es, y que nos la modifica gracias a su capacidad imaginativa de cambiar la percepción que él tiene de la realidad. Y tú, ¿estás dispuesto a que Gondry juegue con tu mente?
Crítica elaborada per Sergio Madrid de la Biblioteca Maria Àngels Torrents de Sant Pere de Riudebitlles en el marc del projecte Escriure de Cinema.








