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Mulholland Drive, entre sueño y realidad

En un principio, la idea inicial de David Lynch con Mulholland Drive (Mulholland Drive, 2001) era la de filmar una serie de episodios con el fin de realizar una serie para televisión, pero nunca llegó a terminarse y fue transformada en un largometraje. Ahí reside su dificultad: dar sentido a unos retales de un rodaje que pretendía ser más extenso en su contenido.

Para ello, Lynch montará un filme que no nos dejará indiferentes. Veremos que se traslada a la pantalla un complejo argumento ligado a una puesta en escena con imágenes que parecen emerger del subconsciente de la protagonista. Se da al espectador la sensación que asiste a un espectáculo de puro hipnotismo, un proceder que Lynch ya había utilizado en Cabeza borradora (Eraserhead; David Lynch, 1977), Terciopelo azul (Blue Velvet; David Lynch, 1986) o Carretera perdida (Lost Highway, David Lynch, 1997), y que más tarde empleará en Inland Empire (Inland Empire, David Lynch, 2006).

Este halo hipnótico sirve para hilvanar diferentes secuencias deudoras del neo-noir, donde la protagonista Betty Elms/Diane Selwyn (Naomi Watts) interpreta a una aspirante a actriz que llega a Los Ángeles empujada por el sueño americano con el afán hacerse famosa. Lynch complica la trama cuando Betty/Diane conoce a Rita (Laura Harring), una mujer amnésica debido a un accidente sufrido en Mulholland Drive. Ambas deciden investigar quién es Rita y cómo ha llegado hasta allí.

La mayor parte del metraje se compone de escenas oníricas que fluyen a través del subconsciente de Betty/Diane. El espectador ve lo que ella observa como algo que ha acontecido, aunque diste mucho de una supuesta realidad. Como pasa en los sueños, los acontecimientos se desarrollan sin una lógica aparente, los personajes desdoblan sus roles y el tiempo histórico del filme da la impresión de ir saltando de un pasado intrigante a un futuro incómodo.

Nosotros somos los que mandamos en nuestros sueños, incluso tomamos consciencia de cómo podemos dirigirlos: ahora es cuando Lynch introduce en su juego a la industria cinematográfica. Por un lado, Betty/Diane intenta triunfar, navega entre el sueño y la esperanza, y por otro, la van a corroer sus remordimientos por haber contratado a un asesino.

El director Adam Kesher (Justin Theroux) la ayudará en su camino hacia la fama, aunque él mismo se verá apresado por las garras de la Industria representada simbólicamente por una siniestra figura, la del Cowboy (Monty Montgomery), quien al final del sueño le indicará a Betty: “¡Eh, preciosa, es hora de despertar!”.

Porque como he dicho antes, Mulholland Drive se hunde en el subconsciente: la puesta en escena parece estar fuera de toda lógica y se diluye en la pantalla para formar una especie de bisagra que une lo onírico con lo real. Esta podría ser una de las posibles sinopsis del argumento, pero, si tenemos en cuenta también las dificultades de producción que tuvo Lynch al ver truncado su proyecto respecto a la realización de la serie, estos mismos impedimentos serán los que le motivarán para completar el rompecabezas y configurar el argumento a través del montaje.

No solo se trata de representar un sueño que nuble los anhelos olvidados de una chica que intenta convertirse en estrella en Los Ángeles, sino que Lynch nos está hablando también subliminalmente de los problemas que tiene él para seguir en la brecha. Por tanto, nos encontramos ante un doble enfoque: el argumental, dentro del cual está Betty, quien poco a poco ve enterrados su sueño debido a su mala conciencia, y el de realización, cuando Lynch consigue el suyo al ver montada por fin la película.

Mulholland Drive nos desvela las ansias de triunfo mediante imágenes provenientes de un universo inquietante que pretenden un imposible. En un principio, esa visión pueda resultar pesimista, pero Lynch la optimiza e invierte. Al añadir información al espectador sobre su experiencia personal en la realización del filme, suple la posibilidad del fracaso por la del éxito, consigue realizar el largometraje para convertir lo que antes parecía una esperanza utópica en una realidad palpable.

Crítica elaborada per José Luis Subias de la Biblioteca Jordi Rubió i Balaguer (Sant Boi de Llobregat) en el marc del projecte Escriure de cinema.

 

13/04/2021