Recomanació

Monster

Barcelona : Filmax, DL 2004

Don’t stop believing

“El amor lo puede todo, la fe mueve montañas, no hay mal que por bien no venga, mientras hay vida hay esperanza… Bueno, algo tienen que decirte”, concluye Aileen Wuornos después de su condena a muerte.

Por mucho refrán buen rollista al estilo de Mr. Wonderful con el que pretendan adoctrinarnos, la vida no es fácil, especialmente si has crecido en un ambiente desestructurado donde la marginalidad y los abusos están a la orden del día. Ese es el caso de la protagonista de Monster (Patty Jenkins, 2003), un biopic de la primera serial killer femenina. Prostituta desde los trece años y desencantada de su existencia, le da a Dios su última oportunidad antes de quitarse la vida. El todopoderoso le responde enviándole a Selby. Enseguida, ambas establecen una relación en la que cada una representa un apoyo emocional, un ancla, un motivo para continuar. Lee se erige en la protectora y proveedora de su joven compañera mientras Selby “se deja querer”.

Para Lee la vida ha sido como la noria gigante, roja y amarilla, que admiraba en su infancia. Anheló subir a ella pensando que sería el viaje de su vida. Cuando por fin lo consiguió, vomitó antes de dar la primera vuelta. Nombrada Monster por su grandiosidad, la noria apabullaba con su tamaño: ¿cómo no temerla y admirarla a la vez? Sin embargo, solo hacía aquello para lo que había sido diseñada: girar monótonamente en el sentido de las agujas del reloj.

Al igual que la noria, ¿está nuestro destino diseñado de origen? ¿Es el mal como concepto puro una característica del ADN o somos una pizarra en blanco y el tránsito al lado oscuro lo provoca un entorno hostil? Wuornos tenía todas las papeletas para pertenecer al segundo grupo. Y lo inevitable llegó: diferencias con la ley, hurtos, peleas, robos y, finalmente, asesinato.

Patty Jenkins nos invita a presenciar en su ópera prima como la vida de Lee se desmorona paso a paso, aunque luche denodadamente por reconducirla, a veces con ingenuidad, como cuando pretende escalar de prostituta a secretaria, comprarse un coche y una casa y disfrutar del "american way of life" sin que su pasado sea un obstáculo.

Presionada por su amante, Lee vuelve a la prostitución, y es entonces cuando se produce el punto de no retorno. Un cliente la ataca con violencia, la agrede sexualmente y amenaza su vida. En una escena catártica en la que la noria gira a mil revoluciones, Aileen se deja ir, dispara con rabia y rencor por una vida de sufrimiento. Como espectadores, perdonamos su violencia desmedida al entender la necesidad de castigar a su agresor, de compensar y devolver el mal recibido, pero no tardaremos en abandonarla a su suerte cuando una descontrolada Monster, deseosa de conservar a su lado a la única persona que le ha mostrado cariño, empieza a sentirse acorralada, sin rumbo y vuelve a asesinar indiscriminadamente.

Charlize Theron ganó un Oscar, un Globo de Oro y otros premios reconocidos por su interpretación, reflejando de manera realista a una Wuornos destartalada, poco atractiva y vigorosa en sus ademanes. Aun así, parece que su mayor mérito no es actoral, sino que residió en atreverse a prescindir de lo que se consideraba su mayor baza: su belleza. La actriz engordó y mostró fealdad. Se rumorea que lo hizo para disgusto de los productores ejecutivos, que pensaban que tendrían en cartel la historia de una lesbiana sexy.

Sin embargo, lo que la directora pretendía con su primer largometraje era centrarse en la mente y psique de este carácter peculiar. Jenkins es una directora poco prolífica que escoge cuidadosamente sus proyectos. Después de Monster, estrenada el año 2003, no rodó otra película hasta Wonder Woman (Patty Jenkins, 2017).

El otro puntal de la historia es Selby, amante de Lee. Aunque Christina Ricci interpreta bien a este personaje, queda eclipsada por su compañera. Con una larguísima trayectoria a sus espaldas cuando participó en Monster con 23 años, Ricci consigue representar el papel de lesbiana reprimida y niña caprichosa que necesita, o más bien exige, la protección de su compañera.

Monster es una película triste y desesperanzadora que solo nos permite dos momentos en los que pensamos que el amor triunfará. Ambos están subrayados por magníficas canciones: la siempre esperanzadora Don’t stop believing, que nos acompaña en la pista de patinaje, y Crimson and Clover, que suena durante la escena del motel en la que se produce por fin la consumación física de su relación. El trébol carmesí no ofrece la suerte necesaria para un cuento con final feliz.

Para finales felices mejor recurrir a Mr. Wonderful.

Crítica elaborada per Eva Nuñez de la Biblioteca Can Pedrals de Granollers en el marc del projecte Escriure de cinema.

01/09/2023