El coleccionista
Su más preciada mariposa
El coleccionista (The Collector, William Wyler, 1965) fue una de las últimas películas que firmó su realizador antes de retirarse (aunque contaba entonces con solo 63 años). Wyler empezó su carrera en el cine mudo. Trabajó casi todos los géneros, dando en casi todos ellos grandes obras para recordar: Calle sin salida (Dead End, 1937), La loba (The Little Foxes, 1941), Horizontes de grandeza (The Big Country, 1958), Vacaciones en Roma (Roman Holiday, 1953) y Los mejores años de nuestra vida (The Best Years Of Our Lives, 1946), entre muchas otras. Por supuesto, no podemos dejar de lado el que quizá es su filme más recordado, para bien o para mal: Ben-Hur (Ben-Hur, 1959). Cabe destacar que en todas sus obras siempre trabajó mucho el carácter psicológico de sus personajes, por encima de las historias que narraba. También es el caso de la película que aquí nos ocupa.
El coleccionista nos cuenta la historia de un tímido y apocado personaje (Interpretado por un jovencísimo Terence Stamp) que sufre problemas mentales. Tras haber dejado su aburrido trabajo gracias a un golpe de suerte en la lotería, busca a través de un rapto la aceptación y el amor de una jovencita estudiante de arte interpretada por Samanta Eggar.
El peso de la película recaerá sobre estos dos actores principalmente, ya que se trata de una historia de personajes, casi teatral, puesto que apenas hay roles secundarios y transcurre en muy pocas localizaciones. Es una película principalmente de interiores, ideal para que Wyler pudiese trabajar ampliamente la psicología de ambos personajes. La película está basada en la novela homónima de John Fowles, adaptada por Stanley Mann y John Kohn.
Lo primero que nos presenta es una bucólica escena donde el protagonista se dedica a la caza de mariposas (será una metáfora de lo que luego iremos viendo). Ve un viejo caserón que, gracias a la fortuna de la lotería, decide comprar para poner en marcha su plan del rapto. Esta localización será muy importante, ya que el resto de la película se desarrollará aquí.
Enseguida vemos como el personaje de Stamp acecha al personaje de Eggar. Se nos muestra esta acción mediante unos planos subjetivos desde la furgoneta de él, hasta que finalmente la aborda por la fuerza, la deja sin sentido y se la lleva a su casa. Tiene todo preparado para su cautiverio en el sótano. Cuando ha concluido su trabajo, muestra una cara de satisfacción que nos lleva a un flashback en blanco y negro donde se ve como sus compañeros de trabajo se burlan de él hasta que le dan la noticia de su premio en la lotería. Aquí empezamos a conocer los problemas de adaptación y empezamos a comprender la problemática del personaje.
En general, la iluminación hasta este momento es bastante clara pero sobria (muy inglesa, quizá). Me resulta curioso como un thriller tan oscuro es, en realidad, una película bastante iluminada (aunque siempre con sombras en las esquinas en los interiores). De hecho, siendo él el personaje más oscuro, aparece generalmente muy iluminado. Ella, en cambio, parece tener la cara como difuminada (quizá podría ser la lectura de la seguridad de él respecto a lo que va a hacer, y cómo se siente ella en la situación que está viviendo) Los exteriores también están siempre muy iluminados. En este apartado, me gustaría destacar el principio: cuando ella despierta en el oscuro sótano con la luz de la estufa, percibimos un claro predominio del rojo oscuro por toda la estancia. Quizá es una metáfora del infierno en el que está, o incluso una especie alusión al giallo italiano que Mario Bava que comenzaba en aquella época y que posteriormente seguirían trabajando otros directores italianos.
La música interpretada por Maurice Jarre va pasando de una melodía sencilla y bucólica con algún tinte oscuro a convertirse en algo más sombrío y tenebroso. A partir de aquí, se van alternando ambos tonos, según las situaciones que se van dando. En general, la música me parece simplemente correcta, sin ser nada del otro mundo. De hecho, hay algunos momentos en los que me recordó a los temas compuestos por James Bernard para las películas de la Hammer (incluso el momento en que él sube a la chica por las escaleras es muy de la Hammer en el apartado visual). Aun así, es bastante adecuada para lo que se nos va mostrando.
A partir de aquí, comienza el duelo interpretativo de ambos actores. Los dos están muy creíbles en sus papeles. Stamp encarna a alguien que hace grandes esfuerzos para contentar a la mujer cautiva y conseguir su amistad o amor (aunque siempre con ese oscuro punto aterrador). Eggar interpreta a una superviviente que va utilizando diferentes estrategias, adaptando sus comportamientos y respuestas en función de las reacciones que él va teniendo (ira, falsa comprensión, acercamiento, seducción, miedo). En general, ella es una persona más segura, culta, inteligente y de un estrato social más alto, como va quedando claro a lo largo del las conversaciones que ambos mantienen. Él, en cambio, es una persona apocada, insegura, con grandes problemas para relacionarse, muy recto y especialmente con serios problemas en su relación con el sexo, ya que este le hace perder la razón. Su estado mental no le deja entender que esta no es la forma de acercarse a ella. Además, nunca está contento con las reacciones de ella (él quiere a una mariposa muerta que no reacciona y que pueda contemplar sin ninguna dificultad). Aquí llegamos a un momento necrófilo: cuando él se acuesta a su lado mientras ella está inconsciente.
Los movimientos posturales de Stamp son perfectos para el tipo de personaje que interpreta (pose infantil, miradas aterradoras, miradas de soslayo…), pero no he podido evitar hacer comparaciones con el Norman interpretado por Anthony Perkins en Psicosis (Psycho, Alfred Hitchcock, 1960). No sé si es a causa de mi predilección por esta última, pero Stamp sale perdiendo.
En general, no he podido evitar ir comparando ambas películas. Eso me ha hecho ser menos objetivo a la hora de evaluarla El Coleccionista, que me sigue pareciendo una obra digna.
Decir también que el vestuario de ambos también dice mucho. Ella viste siempre de colores chillones y ropa más moderna, mientras que él siempre aparece con traje oscuro y de corte clásico.
En cuanto a la labor de fotografía, compartida por Robert Surtees (en el plató) y Robert Krasker (exteriores), decir que ambos crean ambientes opresivos y amenazantes, una atmósfera densa y desoladora. Crean un fuerte sentido claustrofóbico del espacio.
Llegados al final de la película, una vez se desarrollan todos los hechos, he de reconocer que el desenlace seguramente sería un tanto sorprendente para la época. De hecho, a mí me lo pareció la primera vez que vi la película a la edad de ocho o diez años. Volviéndola a ver ahora, más de cuarenta años, después no he tenido la misma sensación: seguramente el hecho de haber visto tanto cine en ese camino no ha ayudado. De hecho, mi conclusión para esta película sería mucho más sencilla ahora. Al margen de la genialidad mostrada en los diálogos, situaciones y la dificultad de conseguir una buena película con solo dos personajes, tras ver el epílogo, la considero un retrato del germen y la evolución de un enfermo mental que acabará convirtiéndose en un depredador psicópata.
Me parece una película muy recomendable, aunque vuelvo a repetir que se me queda corta tras no poder evitar la comparación (desfavorable) con Psicosis.
Crítica elaborada per Carlos Cano de la Biblioteca Joan Margarit (Sant Just Desvern) en el marc del projecte Escriure de cinema.






