Crítica Los Tarantos Escriure de Cinema
La desdicha de los amantes con mala estrella
Los Tarantos (Francisco Rovira-Beleta, 1963) surgió como una nueva propuesta de cine comercial y entretenimiento, sin ánimo de trascendencia. Pasado el tiempo se ha convertido en un documento social y antropológico de una Barcelona (Bajarí) desaparecida y olvidada donde se refleja el mundo y costumbres gitanas como nunca antes se habia tratado en el cine español.
El director Rovira-Beleta hizo una cuidadosa recreación, según las directrices de Paco Revés, un erudito sobre el uso y costumbres de los romaníes (con los que había convivido largo tiempo).
Los Tarantos está inspirada en Romeo y Julieta, de William Shakespeare, y especialmente en Bodas de sangre, de Federico García Lorca (hasta ese momento prohibido por la dictadura desde su asesinato en 1936).
La película sobresale por la utilización dramática del flamenco como expresión de la alegría, el dolor, el consuelo o el grito desgarrado.
La trama argumental gira en torno a dos familias, Tarantos y Zorongos (nombre de dos palos del flamenco), enemistadas desde la muerte del patriarca de los Tarantos por un asunto de amores no correspondidos. No hay esperanzas de reconciliación.
La familia de los Tarantos sobrelleva, con la ayuda de su afición al cante y al baile, su vida en el Somorrostro. El Somorrostro era un asentamiento miserable de barracas que estuvo situado en lo que hoy es el Puerto Olímpico de Barcelona, fue un lugar donde no se cubrían necesidades básicas de agua, luz, sanidad e higiene. Fue derruido poco tiempo después del rodaje.
Angustias (Carmen Amaya) es la madre viuda del clan, mujer enérgica y de carácter, con grandes dotes de mando y respeto, capaz de todo para proteger a su familia.
Los Zorongos, gitanos apayados, ricos acomodados, son tratantes de ganado. Viven en la zona burguesa del barrio de Sants, cerca de la Plaza de toros de Las Arenas y el matadero municipal, actualmente Parc de l’Escorxador.
Rosendo (Antonio Prieto) es el patriarca y protector de la familia. Es un hombre resentido, mediocre y pendenciero, que reniega de su origen étnico hasta el punto de prohibir a los suyos el cante y el baile. Llega a decirle a uno de sus hijos: “deja ya de bailar que pareces un gitano”.
Rovira-Beleta recrea un casamiento, fiesta importante en la tradición gitana, en la que se practica el rito del pañuelo para probar la virginidad de la novia y demostrar con ello la honra de su familia. A continuación se rocía el cuerpo desnudo de la muchacha con pétalos de rosas. Y la boda continúa con el alzamiento y baile nupcial, el rompimiento de las camisas de los varones y el baño de arroz y peladillas.
El primer número musical que presenciamos en el filme sucede durante la boda, cuando los enamorados se encuentran por primera vez. Sin mediar palabra entre ellos, a través del baile y por medio de sugerentes pasos, miradas y contoneos, Juana Zorongo (Sara Lezana) ronea con Rafael (Daniel Martín).
Máximo Dallamano consigue una preciosa fotografía en exteriores durante el atardecer con luz menguante en la playa del Somorrostro, mientras la pareja decide sumergirse en el mar para besarse, ajena a todo.
Los jóvenes se comprometen con un juramento de sangre antes de conocer sus orígenes familiares. Acto seguido, comprenden los problemas que se avecinan.
Rafael presenta a Juana a su madre. Es un momento estelar de la película: la gran Carmen Amaya y Sara Lezana ejecutan unos bailes antológicos, de gran fuerza y plasticidad, que invitan a compartir la fiesta.
La Taranta acaba aceptando a la chica a pesar de un rechazo inicial, confiando en que la unión de los muchachos podrá reconciliar a las familias.
En el momento en que Angustias se dirige con su familia a pedirle la hija a Rosendo, éste le dice que Juana está comprometida con su sobrino Curro ‘el Picao’ (Manuel Martín), un gitano maltratador y cobarde que años atrás asesinó al patriarca de los Tarantos por orden de su tío (fenomenales escenas de gran intensidad dramática entre Carmen Amaya y Antonio Prieto).
Tanto a Rafael como a Juana la situación les llevará a tomar una decisión desesperada, seguida de acontecimientos trágicos y dolorosos.
Los bares tienen protagonismo en varios momentos de la película como testigos de la vida social del barrio.
El bailaor y coreógrafo Antonio Gades, en el papel de Moji, hizo su debut cinematográfico en esta película. Encarna a un jóven simpático, descarado, seductor de chicas extranjeras y fiel amigo de Rafael Taranto. Ambos ejecutan un maravilloso baile en las Ramblas barcelonesas durante la noche, con las mangueras de riego creando unos preciosos arcos luminosos mientras suena la guitarra de Peret.
Durante la Navidad de 1962 se produjo la que es conocida como la nevada del siglo en Barcelona. El director adelantó el rodaje y aprovechó para rodar a la pareja de novios en lugares destacados de la ciudad.
Cabe mencionar también el papel interpretado por dos chiquillos, Sole Taranto (Antoñita ‘la Singla’) y Jero Zorongo (Aurelio Galán ‘el Estampío’), cómplices de los amantes y esperanza de futuro para las familias (inolvidable escena cuando van a comprar brillantina, la dependienta les pide el envase y ellos dicen: “no hace falta, pónganosla en la cabeza”).
Los Tarantos es una película sobre gitanos, pero está interpretada por actores que no lo eran (excepto Carmen Amaya y los dos niños). Los personajes payos son anecdóticos y no tienen relevancia en la trama. El papel de Juana estuvo asignado en un principio a Micaela Flores Amaya ‘la Chunga’, pero ella lo rechazó porque consideraba que una gitana no besa a un hombre que no sea su marido. El film respira autenticidad con la presencia de figurantes gitanos interpretándose a sí mismos.
En el año 1963, el Ministerio de Información y Turismo, a punto de cumplirse los veinticinco años de paz, ideó el eslogan “Spain is different”. Intentaba cambiar para siempre la imagen de país aislado, paleto y de costumbres bárbaras. España no era peor, solo era diferente de la mayoría de países europeos.
Los carteles promocionales de reclamo turístico recurrieron a los tópicos como el flamenco, los toros o la Semana Santa, añadiendo otros conceptos más modernos como el sol, las playas, las discotecas y la gastronomía. Las campañas fueron todo un logro, puesto que se generaron grandes ingresos con la activación de negocios y trabajos vinculados al turismo.
En varias secuencias de la película, dos guiris suecas acompañan a Moji dispuestas a vivir experiencias rumberas al ritmo del ventilador de los gitanos catalanes.
La película se estrenó en el cine Comedia de Barcelona el dos de diciembre de 1963 y fue ninguneada por la crítica. En cambio, tuvo un éxito inmediato en taquilla, permaneciendo más de un año en cartel. Siguió su reconocimiento con premios a la cinta y a sus actores. Y sería la tercera nominación española al Oscar a la mejor película de habla no inglesa. La preciada estatuilla se fue para Italia y el filme 8½ (Federico Fellini, 1963).
Para Francesc Rovira-Beleta, Los Tarantos significó su reconocimiento internacional. Destacó tanto en la dirección como en la escritura de guiones, realizando excelentes películas y series de televisión.
Carmen Amaya, nacida en el Somorrostro en 1913, cantante y bailaora flamenca, consiguió grandes éxitos de crítica y público a lo largo de su carrera. Trabajó en los principales teatros del mundo, llegando a actuar en la Casa Blanca ante el presidente americano Roosevelt.
Durante el rodaje, Amaya se encontraba muy enferma. A pesar de ello logró una actuación magistral y se convirtió en el eje principal de la historia. Su prematuro fallecimiento le impidió ver estrenada la película.
Los Tarantos es el último legado de una maravillosa artista, mítica e irrepetible.
Considero que la película refleja el distanciamiento de clases, no por cuestión de etnia si no por el nivel social y económic. En definitiva, muestra el rechazo de los ricos hacia los pobres, un tema muy recurrente en la literatura y el cine.
Més informació:
Crítica elaborada per Rafael Martín Fernández de la Biblioteca de Singuerlín-Salvador Cabré, Santa Coloma de Gramenet en el marc del projecte Escriure de Cinema.







