Recomanació

Una Proposición indecente

Madrid : Paramount, DL 2002

¿El dinero tiene un poder absoluto?

 

Al principio de Una proposición indecente (Indecent Proposal, Adrian Lyne, 1993) el amor entre Diana Murphy (Demi Moore) y David Murphy (Woody Harrelson) está idealizado, ¿Quién no ha soñado con un amor así? La pasión, el deseo carnal impregna cada toma, ese sexo soñado y ese deseo a todas horas nos dejan ver la clase de amor que todas soñamos. Diana está sublime, esa delicadeza de juventud me gusta mucho. Por otra parte, David, un arquitecto brillante y soñador que apuesta desde un principio por un futuro hasta que la muerte les separe, me encanta. Diana es una gran comercial inmobiliaria, que encuentra un terreno para construir la casa de los sueños que su pareja había construido en una maqueta y que sabía que era muy importante para él. Así que se ambos embarcan en un préstamo bancario para cumplir su sueño. David construye la casa con un diseño arquitectónico único y su mujer sabe que los ricachones van a encargarle más cuando vean esa primera obra arquitectónica. Es lista, la chica.

Después llega la crisis. Diana lleva seis meses sin vender nada, la construcción se paraliza y su chico tampoco puede trabajar. Aparecen los problemas económicos y con ellos la presión del banco para que paguen las cuotas de la hipoteca del terreno si no quieren perder la casa de los sueños de David. Ninguno de los miembros de la pareja tiene la madurez de afrontar los problemas con valentía. Y aquí los guionistas dan un giro a la historia. El tema económico origina problemas entre la pareja y salen a relucir las miserias del ser humano.

Para empeorarlo todo, deciden ir a probar suerte en los juegos de azar para ganar ese dinero que tanta falta les hacía. Así que se les ocurre ir a las Vegas a probar suerte con un pensamiento positivo y con dos mentes inteligentes ¿Qué podía salir mal? Allí Diana es observada por John Gage (Robert Redford), un millonario qué también se encuentra en el lugar, que admira la belleza de la chica. Gage se percata de que a la muchacha le falta algo en el plano material, así que decide pasar a la acción.

Al regresar con David, descubre que este ha ganado la mitad del dinero que les hacía falta. En vez de irse y pagar al menos una parte de sus deudas, deciden erróneamente seguir apostando y acaban perdiéndolo todo. Así las cosas, mientras juegan una partida de billar, David le manifiesta a John que le gustaría ser un millonario como él y tener tanto dinero. A la vez le dice que el dinero no puede comprar a las personas. Diana lo apoya en este comentario. Astutamente, le ofrece a David un millón de dólares por pasar una noche con su esposa, planteando un reto para acabar con el cliché que no se puede comprar a la gente. Las miradas de Redford son lo más. ¿Ya dije que me encanta en este papel? Conozco este perfil de hombre, son muy cautos y elegantes, con la seguridad en sus ojos y con la tranquilidad de obtener todo lo que se proponen. ¿Y quién puede dormir después de esa propuesta? ¿Acaso David y Diana no estaban enamorados? El dinero tiene un poder absoluto y por eso la pareja acaba en la misma habitación pensando por separado en ese millón de dólares.

Siguiendo con la jugada, la pareja decide aceptar el trato. ¿Acaso la necesidad es más grande que el amor? ¿O acaso Diana sí deseaba realmente a John? Son muchas las preguntas que surgen, pero llega la hora de apechugar. Si analizamos la escena en la cama dónde la pareja está decidiendo que van a hacer, ambos dicen que eso no cambiará nada entre ellos. ¡Qué inocentes! Si analizamos cómo funciona la psicología humana y la de las parejas, sabemos que todo va a cambiar. David acompaña a Diana para entregarla cual mercancía a John, que llega con su elegancia y decidido a triunfar una vez más en todo lo que se propone. Cuando Diana y David van a pagar la deuda de la casa, se encuentran que ya la han perdido. ¿Perdona? ¿Son capaces de hacer ese negocio con el cuerpo de Diana sin mirar la fecha de pago? Esto es una patinada, pienso que los guionistas usan varias subtramas para ponerlo más difícil a los personajes, y que esa estrategia no funciona bien.

Así las cosas, David y Diana tienen una gran discusión porque la mujer sí se lo pasó muy bien con el magnate y eso molestó mucho a su esposo. ¿En serio se rompió la relación por el machismo y no por vender el cuerpo de su esposa? Pues sí: pudo más que la chica se lo pasara genial. Cada uno sigue por su lado. Diana recurre al abogado que ambos tenían para solicitar el divorcio, casarse con John y decirle a David que no quiere el millón de dólares. Pero David no la puede olvidar y decide perseguirla. En uno de esos encuentros, David aprovecha para firmar el divorcio. ¿En serio? ¿Pierdes un millón de dólares y además te quieres divorciar? Esto no me gustó nada, me pareció demasiado rebuscado. John les observa, se da cuenta que Diana sigue amando a David, acepta su derrota y facilita la reconciliación de la pareja.

A mí la película me gusta mucho, la veo como un ideal. No por tener un hombre como David, sino uno como John. Lo prefiero mil veces. Total, siempre trató bien a Diana y en muchas escenas le dijo a David que él no dejaría que un hombre la tocara. En cambio, David vende a su esposa por la obsesión de salvar una casa. Me quedo con John, aquí y en la China. Es el tipo de hombre que muchas idealizamos, no solo por el dinero, sino también por cómo opera en su vida. Y Redford lo hace increíble.

Crítica elaborada per Claudia Girón. Bib. Santiago Rusiñol.  Sitges. Projecte Escriure de Cinema.

16/09/2022