Mi nombre es Harvey Milk
Mi nombre es Harvey Milk
[S.l.] : Focus Features [etc.], 2008
Mi nombre es Harvey Milk (Milk; Gus Van Sant, 2008)
El 18 de noviembre de 1978, Harvey Milk hace una grabación rememorando los momentos cruciales de su vida. Cuarenta y años después, el mismo día, yo visiono una película que tiene como hilo conductor esta grabación. El flashback nos va mostrando los distintos acontecimientos, relaciones y evolución social de un hombre que marca un hito en la lucha por la igualdad entre las personas, sin distinción de sexo, en el campo de la política.
La película, que narra hechos históricos de la década de los setenta, tiene una puesta en escena excelente. Todo está ambientado en la época correspondiente. Los coches, edificios y carteles. El vestuario: los pantalones tejanos, las cazadoras cortas y llenas de bolsillos, los trajes masculinos con unas solapas muy grandes y unas corbatas coloristas con unos nudos enormes. Los peinados: las melenas, las coletas y los cardados de las señoras. El mobiliario: bureaus, estanterías, sillones…. Todo te hace recordar aquella época.
Para hablar del montaje me faltan conocimientos de cine, pero si una película mantiene tu interés al cabo de dos horas, considero que está bien hecha.
Algunas imágenes de las manifestaciones reivindicativas y multitudinarias, en exteriores y con una gran cantidad de extras, me parecían grabadas en otros momentos, porque el protagonista aparece, en primer plano, de espaldas y al fondo aparece la multitud con unas dimensiones que no se corresponden.
¡La música de diversos géneros y nacionalidades me ha traído recuerdos de aquella época en la que tarareábamos en inglés, sin saber lo que decíamos!
En cuanto al guion: las primeras imágenes de un señor grabando un audio en el que expresa su convencimiento de que morirá joven y asesinado, solo, en un ambiente triste, oscurecido y con un tono pesaroso, crea expectativas y despiertan interés por saber qué le ha pasado y si se cumplirán sus temores.
Sigue el guion con un encuentro fortuito que lleva a una relación amorosa entre dos personas que comparten amor, cariño, convivencia, ideas y proyectos durante un tiempo. El día a día, los avatares de una lucha constante y la aparición de algunas terceras personas provocan que surjan desavenencias entre ellos que les alejan definitivamente, pero sin llegar a romper el fuerte vínculo que los une.
El actor protagonista interpreta magníficamente la dependencia respecto a su último compañero, el chantaje afectivo al que este le somete y el desenlace de su relación.
La homosexualidad condiciona su vida y su lucha incansable por alcanzar los derechos sociales. Se rodea de un grupo de personas, amigos y colaboradores que comparten estos objetivos, con mayor o menor interés, y que le acompañarán en su lucha hasta que llega el trágico final.
Se cumplen los malos presagios, pero nos queda el legado de este luchador incansable que nos sirve, hasta hoy, de ejemplo en la lucha por la igualdad entre las personas.
Sean Penn, nunca deja de sorprenderme: psicótico, galán, ladrón, asesino… Tiene tal capacidad interpretativa que siempre te hace creer en el personaje. Aquí está genial, con un maquillaje y unos peinados que se corresponden completamente con la época y que evolucionan a lo largo de la narración. Su cara expresando sentimientos es incomparable.
Los secundarios incrementan la calidad de la película mediante unas buenas interpretaciones. Reflejan la indolencia de la juventud, el desinterés o interés de la adolescencia, la seriedad del cargo... En fin, creo que no sobra ninguno.
Mi opinión sobre la película es inmejorable. Me ha gustado mucho, me he identificado en las reivindicaciones de la igualdad de derechos y deberes de las personas, sea cual sea su sexo.
No puedo dejar de reseñar frases en los diálogos que me han gustado: “Sin esperanzas, las minorías se rinden”, “las apariencias requieren un equilibrio” o “la política es teatro”
He de admitir, con tristeza que, aunque el cine muestra una realidad, todavía es cierto que “la realidad supera, con creces y negativamente, a la ficción”.
Quiero terminar este comentario con unas preguntas: Si la utopía es un sueño, una ilusión, un ideal irrealizable, ¿podemos llamar utopía a lo que Harvey Milk consigue, llegando al cargo político que deseaba? ¿Los derechos de las personas se pueden calificar de utópicos?
Crítica elaborada per Faly Moreno de la Biblioteca Josep Soler i Vidal (Gavà) en el marc del projecte Escriure de cinema.






