Eyes wide shut
Sobre juegos de poder e intercambios mercantiles
Vi Eyes wide shut (Stanley Kubrick, 1999) cuando se estrenó y debo admitir que entendí más bien poco. Sin embargo, me quedaron claras dos cosas. La primera: la puesta en escena, tan artificiosa como colorista, me resultaba fascinante. El segundo aspecto que comprendí fue que la película contaba cosas que iban mucho más allá de lo que se veía en pantalla. Tras una revisión reciente, esas dos impresiones siguen vigentes en mi experiencia cinematográfica, y añadiría una tercera: la película ha mejorado con el paso del tiempo. Tanto formalmente como en el mensaje, sigue siendo una apuesta fascinante y perturbadora.
Basada en la novela Relato Soñado, de Arthur Schnitzler, Eyes wide shut nos explica la crisis que viven Bill y Alice, un matrimonio joven y exitoso de Nueva York, cuando ella le cuenta a su marido una fantasía erótica reciente. Esa confesión provoca en Bill una mezcla de celos, inseguridades y sentimientos reprimidos que le empujarán a sumergirse en una espiral de juegos eróticos de consecuencias imprevisibles.
La película se abre con un plano de Alice desnudándose en un vestidor: la mujer como objeto de deseo. Tras los títulos de crédito, vemos a Bill buscando su cartera, ella le indica dónde puede encontrarla. La relación entre ambos está clara: él es un hombre ascendente en la escala social para quien su mujer es un trofeo que le ayuda a ese ascenso que ambos disfrutarán. Para Alice, Bill supone estabilidad económica; a fin de retenerlo, juega su mejor baza: su belleza. Ese intercambio mercantil es el eje principal de su relación. Y ese es el mensaje principal de la película: el matrimonio es una mera transacción comercial vestida de afecto y adornada de convencionalismos para que esta sociedad hipócrita que hemos creado pueda aceptarlo. De fondo suena la alegre Suite para Orquesta de Vanidades, de Shostakovich. Todo es divertido, todo es superficial, todo es falso.
El problema de Bill será confiar en exceso en el poder de su billetera (recordemos que Bill en inglés, además del diminutivo de William, quiere decir “billete”). Un detalle esclarecedor es que, cuando deja volar su mente y se imagina a Alice fornicando con el hombre de su deseo, Bill no vislumbra a un individuo como tal, solo ve un uniforme (con graduación bastante alta, de general de división, si no me equivoco). No puede imaginarse a su rival como un hombre con virtudes y atractivos superiores a los suyos que pueda seducir a Alice. Según su percepción, su mujer solamente podría sentirse atraída por alguien que ostente un rango superior al suyo en la escala social, por muy anodino que este individuo sea. Dinero y poder son el eje central de la película. Poco hay de romanticismo en Eyes wide shut. Alice dice amar con locura a Bill, pero con un amor triste.
Bill también paga en exceso a Domino, la prostituta, al hombre que le alquila el disfraz y al taxista que le lleva a la mansión. Ese olor a dinero fácil le delata frente a las élites que se reúnen en una fiesta secreta en la mansión. Allí seremos testigos de uno de los momentos más famosos del film: la orgía. Que nadie se lleve a engaño. La escena es mucho más inquietante que sensual. Bill sabe que allí es donde se concentra el poder, y quiere descubrir sus secretos. Como todo héroe que se precie, se expone al peligro en ese viaje iniciático que recorre.
Lo que me resulta fascinante de Eyes wide shut (y del trabajo de Kubrick en general) es que alguien se tome tan en serio esto del séptimo arte. Me reconcilia con la especie humana que, ante tanto producto superficial y prescindible que no hace sino devaluar la experiencia cinematográfica, este tipo maniático y meticuloso dedicara un esfuerzo titánico a insuflar de contenido algo tan supuestamente innecesario como es una película de cine. Tardó más de un año en rodar Eyes wide shut, cinta que, a priori, no parece muy complicada. De esta manera la impregnó de miles de matices que dan cuenta tanto de su vasta cultura como de su universo e inquietudes personales, y que elevan el film a la categoría de obra de arte. Algunos mensajes son sutiles, como las raquetas de tenis que aparecen en la ya comentada primera escena, que sirven tanto de símbolo fálico (los mangos están erguidos) como indican que se nos habla del juego de poder. Otros son más evidentes, como el significado de los colores: rojo para la sexualidad, azul para la pureza. Durante el monólogo de confesión de Alice, resulta fascinante como ella se va moviendo por el dormitorio de manera precisa para enmarcar su figura sobre un fondo azul o rojo en función de lo que está explicando. Otro ardid apasionante es la utilización de las máscaras y su papel simbólico, o que todas las prostitutas que aparecen en la pantalla sean pelirrojas y esbeltas, clones de la propia mujer de Bill. ¿Es Alice una prostituta más?
En definitiva: Eyes wide shut es una gran película. Puedes estar de acuerdo o no con el mensaje. Puedes pensar que el director es misógino y machista pues atribuye a la mujer un rol depredador, pero nada de eso quita que sea una experiencia apasionante y una obra personal que te hace reflexionar sobre la condición humana y la sociedad en la que vivimos.
Crítica elaborada per Nacho Zubizarreta. Bib. Santiago Rusiñol. Sitges. Projecte Escriure de Cinema.






