Recomanació

Están vivos

Madrid : Universal Studios, DL 2002

“No son extraterrestres, es nuestro sistema”

John Carpenter reinventa y moderniza el terror y la ciencia ficción en los años ochenta para mostrar una realidad política y social de Estados Unidos. ¿De qué forma? Un grupo que amenaza, verdades ocultas que no vemos, la alienación y la protección del hogar como símbolo de la privatización.


Están vivos (They Live; John Carpenter, 1988) es una película cercana a la serie B, con un claro mensaje sobre el consumismo, hecha con una apariencia simple, sencillos efectos especiales, actuaciones que cumplen y con la intención de no desviarnos de su poderoso mensaje.

Un hombre llamado John Nada (Roddy Piper) llega a Los Ángeles. Es un vagabundo sin rumbo, un tipo de hombre blanco enojado que, sin embargo, confiesa creer en América, el país de las oportunidades. Allí busca trabajos temporales y mal pagados, hasta el extremo de convertirlo en un sintecho en una época de crecimiento económico en el sector empresarial (aunque inmerso en la desindustrialización). John Nada encuentra un trabajo como obrero de la construcción y no tiene más remedio que aceptar el sueldo que le ofrecen, pero allí conoce a Frank (Keith David), que tiene una familia que mantener en Detroit. El hombre blanco y el hombre negro, dos representantes del proletariado de América, se complementan. Frank lo lleva al lugar donde él vive, una especie de campo de refugiados en la ciudad, rodeado de rascacielos, un asentamiento de viviendas de familias hacinadas y en precariedad (el actual modelo de trabajador pobre), en el que todos comparten una comida caritativa.


Las cosas de la normalidad van surgiendo. Predicadores callejeros ciegos con alarmantes mensajes sobre un grupo de gente despiadada que vive entre nosotros. La televisión tiene el mayor símbolo de poder de manipulación, lleno de mensajes que no dejan ver, que no dejan pensar, que no dejan que nos demos cuenta. Los refugiados del campamento ven en la televisión anuncios de moda de alta costura y todo tipo de tratamientos de belleza. Es una televisión desbordada de mensajes y con gente completamente influenciada. Por momentos hay interferencias de otra emisión, una especie de emisora pirata que intenta colarse en la programación para dar mensajes sobrecogedores, pero las imágenes se cortan y producen dolor de cabeza a quien las ve.


Una iglesia vacía con altavoces con góspel día y noche. Es un punto importante de encuentro. Un grupo que sabe un secreto e intenta revelarlo al mundo. John Nada logra descubrir el secreto; unas simple gafas de sol como herramienta de la verdad: hay un tipo de gente que tiene apariencia humana pero que son cadáveres en descomposición. Sin embargo, también existen los humanos aferrados a la comodidad y a la estabilidad que se han pasado al lado de los villanos, pero que mantienen su apariencia para ser usados como infiltrados. Muy recordada la escena de la pelea de seis minutos entre los dos protagonistas. No es una simple escena de acción, tiene un fondo racial, un despertar para abrir los ojos, un conflicto donde al final terminan unidos.


La fotografía, los planos y movimientos de cámara son simples; recurrente en algún plano general, con el que muestran la ciudad de Los Ángeles y el asentamiento de viviendas. La película logra mantener la tensión y hacerse más atractiva con el simple efecto especial de pasar del color al blanco y negro. Sigue la fórmula de las películas cuya ciencia ficción se da en nuestros días o en un futuro muy próximo, no solo para darnos la sensación de un apocalipsis cercano, sino para usar vestuario, maquillaje y decoración contemporáneos.


Dentro de las limitaciones de sus actuaciones, logras conectar con sus dos protagonistas principales, personajes redondos porque tienen una transformación dentro de la historia, pero a la vez planos porque no tienen mucha complejidad. En papeles secundarios, Peter Jason (como Gilbert) y Meg Foster (como Holly Thompson) dan un giro sorpresa en sus personajes.

Carpenter escribió un guion bien estructurado bajo pseudónimo para hacer su película más personal y desarrollar un potente discurso propagandístico, una vez el neoliberalismo conservador se había asentado en los Estados Unidos de los ochenta con la era Reagan. ¿Qué ideología ataca Carpenter? Un movimiento cuyo anonimato y desconocimiento en la mayoría de la población fue la causa de su poder y efecto.


Basada en la competencia como relación social, el mercado produce beneficios y convierte al ciudadano en consumidor, reduciendo a las personas a una democracia de “comprar y vender”. Se premia el mérito de vender y se castiga la ineficacia de no hacerlo, un sistema donde las organizaciones obreras son distorsiones del mercado que deben de domesticarse.

 

Crítica elaborada per Percy Salcedo Cueva de la Biblioteca Armand Cardona Torrandell (Vilanova i la Geltrú) en el marc del projecte Escriure de cinema

24/04/2021