Bailando con lobos Recomanacio Escriure de cinema
Ver por primera vez Bailando con lobos (Dances with Wolves; Kevin Costner, 1990) transcurridas tres décadas desde su estreno, o revisitarla nuevamente a placer, es una magnífica ocasión para teletransportarnos filmográficamente al Lejano Oeste norteamericano. “Siempre he deseado ver la frontera… antes de que no exista”, asevera el condecorado teniente John J. Dunbar al inicio de su personal viaje, cuando abandona en carreta Fort Hays (Kansas) camino de Fort Sedgewick (Colorado). Como privilegiados espectadores, dejamos atrás los sangrientos estertores de la Guerra de Secesión que desangraba los Estados Unidos en 1864, y nos acomodamos ante el pasar panorámico de las grandes praderas mecidas al viento y al compás de la melodramática música de John Barry. Marchamos ilusionados y expectantes ante el anhelado encuentro romántico con el esplendor natural del paisaje y sus idealizados moradores salvajes: los conocidos como Sioux, las últimas tribus de la República de Lakota.
A finales de los años 80, un Costner aclamadísimo por su trabajo en Los Intocables de Eliot Ness (The Untouchables; Brian de Palma, 1987) acomete su primera y celebrada incursión en la dirección al adaptar a la gran pantalla la novela homónima publicada por Michael Blake. El proyecto había madurado durante cinco años. Finalmente, actor y guionista se lanzaron decididamente al rodaje, que tuvo lugar entre los meses de julio y noviembre de 1989 en el Parque Nacional Badlands (Dakota del Sur). Asumiendo en su mayor parte el riesgo financiero, seleccionando un elenco de actores poco conocidos y dirigiendo apoteósicas escenas como la monumental cacería nocturna de búfalos (nada de animación digital: 3500 bestias analógicas), Costner logra un inesperado éxito de público (424 millones de dólares en taquilla) y rinde a la crítica y a la Academia (siete premios Oscar a la mejor película, dirección, guion, fotografía, banda sonora, sonido y montaje).
Si bien el filme consagró a Kevin Costner como figura de prestigio en lo más alto del star system hollywoodiense, aun cuando posteriormente no ha vuelto repetir semejante éxito, su principal trascendencia estriba en el fuerte impacto que generó en el gusto cinematográfico del momento, aquellos primeros años 90. Una verdadera explosión de filmes adscribibles al neo-western sacudió las pantallas mundiales: El último mohicano (The Last Mohican; Michael Mann, 1992); Un horizonte muy lejano (Far and Away; Ron Howard, 1992); Sin perdón (Unforgiven; Clint Eastwood, 1992); Tombstone: La leyenda de Wyatt Earp (Tombstone; George Pan Cosmatos, 1993); Gerónimo, una leyenda (Geronimo: An American Legend; Walter Hill, 1993); Leyendas de Pasión (Legends of the Fall; Edward Zwick, 1994); Dead Man (Dead Man; Jim Jarmusch, 1995) son algunas muestras destacadas de aquel singular fenómeno revival. Solo por ello, esta película merece un lugar eminente dentro del mejor cine de las últimas décadas, atendiendo a sus altas cotas de popularidad y a la influencia inmediatamente alcanzada.
Seguramente hoy en día, cuando el reino de las plataformas de televisión a la carta promueve una creciente oferta de producciones cinematográficas en formato de teleserie, el extenso metraje de Bailando con lobos hubiera dado pie a una destacadísima primera temporada, repleta de memorables episodios bélicos, costumbristas, naturalistas y románticos a partes iguales. En aquel entonces, Costner supo apreciar el potencial redentor del idealismo eco-pacificista que anidaba en el imaginario literario de Michael Blake. Para ello, tuvo que forzar buena parte de la verosimilitud histórica de la novela al prescindir de los Comanches (junto a los Apaches, siempre denostados por la gran pantalla) y al dibujar unos protagonistas Sioux poco menos que angelicales. Hoy, interpretamos que el buenismo rousseauniano que proyecta la mirada almibarada del filme (elevada a la máxima potencia por la música de John Barry) maridaba perfectamente con aquella coyuntura final de la Guerra Fría, del la Perestroika y la caída del Muro de Berlín. Un cierto aire apocalíptico se deja traslucir en el Waldenismo del Teniente Dunbar, quien cabalga a Cisco en compañía del lobo Calcetines, aprende con interés y respeto la lengua lakota y trata de obviar la próxima llegada masiva de “tantos [colonos] como estrellas”.
Michael Blake falleció en 2015. Para nuestro deleite, la Editorial Valdemar recientemente ha publicado (en su reconocida colección Frontera, dedicada al western) Baila con Lobos & El camino sagrado, la novela y su posterior secuela. En sus páginas podremos acercarnos a los auténticos protagonistas Comanches de esta historia soñada: el comprensivo jefe Diez Osos, la joven blanca cautiva En pie con el Puño en Alto, el impasible hombre-espiritual Ave que patea, el feroz guerrero Cabello al viento y los pequeños traviesos Risueño, Nutria y Gusano.
Crítica elaborada per Xesco Montañez Zarcero de la Biblioteca Jordi Rubió i Balaguer (Sant Boi de Llobregat) en el marc del projecte Escriure de cinema.






