El Bosque
El bosque (The Village; M. Night Shyamalan, 2004)
Una comunidad rural de colonos durante el siglo XIX reside en una aldea aislada, rodeada por un bosque en el que habitan unas extrañas criaturas. Los moradores de la aldea deben cumplir con unas estrictas normas: no pueden ir al bosque, no deben ver ni tener nada de color rojo ya que atrae a las criaturas, y deben permanecer en sus casas cuando suena la campana que advierte que las criaturas están cerca de la aldea.
El bosque (The Village; M. Night Shyamalan, 2004) está catalogada como drama o película de suspense, pero sobre todo nos habla de los miedos, internos y externos, de cómo los afrontan cada uno de los personajes y de qué hacen para superarlos.
Además, la película nos presenta una historia de amor romántico entre dos personas, Ivy y Lucius, que tienen una sensibilidad completamente diferente a la mostrada por la mayoría de los integrantes de la aldea. En esta supuesta sociedad utópica, en la cual no existe el dinero, las dudas las plantea un joven que quiere ir a la ciudad a buscar medicinas. El amor entre Ivy y Lucius podría ser la salvación de todos los habitantes de la aldea, pero todos los componentes del Consejo han dado su aprobación de que los integrantes de la aldea sigan alejados de la civilización y no puedan ir a la ciudad. Como nos dice el personaje de Edward Walter, “el futuro está en esa pareja para perpetuar la continuidad en la aldea” y “el mundo se mueve por amor”
De las diferentes facetas del miedo, sea ante una situación real o imaginaria, que nos presenta el director, encontramos:
- El miedo como forma de manipulación y control a los habitantes de la aldea. El Consejo ha creado una comunidad autosuficiente en un mundo perfecto y estable, pero en base a una mentira. Sus miembros no quieren que nadie atraviese el bosque para que nadie vaya a la ciudad. Así, privan a los lugareños de tener más vivencias y vivir otras experiencias, aunque algunas puedan ser dolorosas. Con este objetivo, inventan unas criaturas sin nombre (aquellos de los que nunca hablan) y unas normas que los habitantes deben seguir. Las criaturas aparecen y desaparecen sin seguir un orden determinado, y eso genera aún más miedo.
- El miedo que personajes como el maestro inculcan a los niños desde pequeños, para que estos sigan cumpliendo las normas.
De esta forma, el miedo está integrado en cada habitante, el miedo a lo desconocido si atraviesan el bosque, el miedo a unas criaturas que matan animales. Sólo hay seguridad dentro de la aldea. Es muy significativa una frase que el vigilante de la torreta pronuncia cuando está con Lucius: “La ciudad es un lugar perverso con gente perversa”. Porque Lucius es una persona sensible, reservada, poco habladora, que no tiene miedo de atravesar el bosque, pero sí tiene miedo por la seguridad de Ivy. Ivy, cuando hieren a su novio y pide permiso a su padre para atravesar el bosque e ir a la ciudad a buscar medicinas, dice “Todo lo que para mí es vida, morirá con él”. Ivy, una persona ciega y joven, está llena de energía y valor, como lo demuestran las escenas dramáticas al atravesar el bosque. Se enfrenta a sus miedos por amor y logra afrontarlos.
Aunque no se vean escenas de terror, el clima de suspense hace que las imagines y te angusties. La banda sonora de James Newton Howard ayuda a crear ese ambiente misterioso. Sus acordes de violín subrayan la tensión o llenan el silencio cuando los personajes están ocultos en un sótano y la cámara nos enseña sus rostros de temor. La desazón que genera el ver unos árboles sin hojas, casi pelados, en tonos sombríos, llega acompañada de una música inquietante. También se incluye una música apacible y delicada cuando la pareja se declara su amor o cuando está cogida de la mano. La música es, para mí, como un personaje más de la película.
Roger Deakins nos deleita con una fotografía de imágenes bellísimas, con colores intensos, a veces tenebrosos. Nos introduce en una atmósfera misteriosa y con una gran carga emocional. Y los colores se convierten en simbólicos: el rojo se asocia con lo prohibido, llevar una capa amarilla proporciona seguridad, y la blanca ropa de Ivy se identifica con la pureza.
En contra diré que hay una escena que está puesta para despistar. Dos personas del Consejo, Edward y Alice, hablan de las marcas en las puertas, de los animales muertos, y afirman que, si estas no están hechas por un coyote, deben ser obra de las criaturas. Si ellos saben quiénes son las extrañas criaturas, ¿por qué mantienen esta conversación?
Esta película te puede o no gustar, pero nos hace pensar en qué tipo de sociedad estamos viviendo y cómo sería esa sociedad utópica en la que nos gustaría vivir.
Crítica elaborada per Vicky Alonso de la Biblioteca Josep Soler i Vidal (Gavà) en el marc del projecte Escriure de cinema.






