El hombre equivocado en el sitio equivocado
Falso Culpable (The wrong man, Alfred Hitchcock, 1956) es la película más realista de su director dentro del género del thriller. Aunque contiene la típica aparición de Hitchcock, esta vez la diferencia la encontramos en un prólogo que nos avisa que lo que vamos a ver está basado en hechos reales. Al principio de la película, Manny Balestrero (Henry Fonda) sale del bar musical donde trabaja y detrás de él vemos una pareja de policías paseando. Ese es uno de los detalles propios de Hitchcock, una de esas escenas que parece presagiar, a nivel visual y compositivo, lo que sucederá a continuación.
Manny es un músico de jazz que vive en Nueva York con su esposa Rose (Vera Miles) y sus dos hijos. En una oficina de seguros, unas empleadas lo confunden con un ladrón y lo denuncian a la policía. El punto de vista sobre el que se edifica uno de los planos de la escena posibilita que veamos el mostrador que hace las veces de ventanilla transfigurado en una suerte de reja tras la cual se encuentra Manny. Esta es otra de las imágenes, como la del inicio, con la que Hitchcock anticipa la detención posterior del personaje a la entrada misma de su casa y su posterior encarcelamiento. Tras ser detenido, todos los testigos y las pruebas caligráficas corroboran su culpabilidad. A partir de aquí, la película se estructura desde el punto de vista del falso culpable. Y comienza la pesadilla del protagonista.
Falso culpable no contiene ni la intriga ni la acción acostumbradas en las películas de Hitchcock, pero muestra otras virtudes, como saber retratar perfectamente los sentimientos de los personajes a través de la imagen y los detalles. La excelente elección de Henry Fonda como protagonista es todo un acierto: su rostro y sus andares denotan la aparición de un hombre corriente que descarrila por una serie de circunstancias. Estamos ante hombre modélico y entregado a su esposa Rose y a sus hijos, una persona que, después de su jornada de trabajo como contrabajista en una orquesta de una sala de fiestas de la alta sociedad, vuelve a casa para ir con su familia a dar el amor y la protección que esta se merece.
Conforme avanza la película, el rostro de Manny se va transformando, desorientado, impotente y triste por las diversas visitas a comisaría y sus infernales traslados a prisión. Esta pesadilla culmina en una escena donde le puede la ira, un “no” indignado, ante la pregunta de si toma drogas. Hitchcock utiliza los movimientos de la cámara para expresar el estado interior del personaje. Cuando el personaje entra en su celda de la prisión y se sienta en un taburete, la cámara comienza a moverse en círculos de manera cada vez más frenética hasta acabar describiendo una espiral en torno a su rostro. Enfrentado a la soledad más extrema en el infierno que está viviendo, a Manny le anega el vértigo físico, pero sobre todo el mental, en una escena que anticipa otra de las obras maestras del cineasta, Vértigo (1958), inmediatamente posterior a Falso culpable.
Cuando Manny y Rose van buscando posibles testigos que puedan servirles como coartada para el juicio, el desconsuelo va apoderándose de ambos a medida que van comprobando que esos testigos están ya muertos. En un momento dado, la mujer, con un parte del rostro en sombra, ríe de manera histérica: ella misma se ha adentrado en el reino de las sombras. Este vuelco emocional se convierte en el primer síntoma de su locura, uno de los elementos más característicos del cine de Hitchcock: las enfermedades mentales. Manny es reticente a reconocer la locura de su mujer. Cuando lo hace, todo su mundo se resquebraja. Reza por un milagro y lo consigue, al ser detenido el verdadero culpable en el transcurso de un nuevo robo. Hitchcock trata este incidente, basado en hechos reales, como si fuera un auténtico milagro: sobreimpresiona el rostro del criminal en el de Manny mientras este reza para que se demuestre su inocencia.
Pero la alegría de Manny no encuentra el eco que él esperaba en su esposa, que sigue confinada en un espacio físico y mental propio. Él comenta que la pesadilla ha terminado, pero ella sigue inmersa en esa otra pesadilla de la que no puede escapar, como diagnosticará el psiquiatra. Se diría que ha habido un intercambio de la libertad de Manny por el confinamiento de Rose.
Un salto temporal en el epílogo, algo impostado, informa al espectador: “Dos años después, Rose salió del psiquiátrico curada. Hoy vive feliz en Florida con Manny y sus hijos. Lo sucedido parece una pesadilla, pero sucedió”. Un plano de día de una calle de Florida con palmeras, donde vemos, a lo lejos, al protagonista caminando con los miembros de su familia unidos de nuevo, pone fin a la noche con la que arrancaba Falso culpable, y que servía de marco temporal a casi todas las escenas de exteriores.
Crítica elaborada por Carlos García de la Biblioteca de Montornès del Vallès en el marco del proyecto Escriure de cinema.